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CORCUERA ACABA SU ÚLTIMA CARRERA (Con autorización del diario La Rioja) PDF Imprimir E-mail

Iluminado Corcuera (Azofra, 23 de diciembre de 1935) recorrió en la noche del miércoles los metros finales de su última carrera, la de la vida.

Después de haber luchado contra la adversidad desde hace diez meses, cuando un accidente de tráfico en Avenida de la Paz cercenó su vitalidad y acotó su movilidad, sus pulmones dejaron de inhalar aire y llegó a su meta.

Atrás ha quedado una carrera deportiva labrada con muchísimo esfuerzo para escapar de la miseria de la postguerra. Corcuera se trasladó a Barcelona para trabajar en la Seat y defender los intereses atléticos del Fútbol Club Barcelona. Con la elástica blaugrana consiguió sus mayores éxitos y, en los años 60, sus siete clasificaciones para el Cross de las Naciones -antecedente del actual Campeonato del Mundo de campo a través- donde llegó a terminar decimocuarto y subir al podio para recoger la medalla de plata por selecciones.

En la pista también obtuvo destacados éxitos, alcanzando el cénit en Nápoles'63 cuando en los Juegos del Mediterráneo (mucho más valorados entonces que ahora) se colgó el bronce en los 10.000 metros. Sólo la coincidencia generacional con Mariano Haro le impidió alcanzar un palmarés más brillante en España y ampliar, aún más, sus 24 internacionalidades.

Cuando regresó a Logroño se convirtió en el gran referente del atletismo riojano. Compaginó su labor docente en Jesuitas -miles de logroñeses han pasado por sus clases de Educación Física-con los entrenamientos en clubes como Cantabria, Eduación y Descanso... y sobre todo, el Loyola.

Durante varias décadas dirigió los destinos de los principales atletas riojanos, desde Yolanda Oroz a Anacleto Jiménez. Corcuera puso las bases para que el espigado atleta logroñés se convirtiera en uno de los grandes mediofondistas de los noventa. Aunque los éxitos de Anacleto Jiménez le llenaban de orgullo y los sentía como propios, lo que más le satisfacía era el cariño de los que habían sido sus atletas, a pesar de que no hubieran ganado carreras. Su deseo era convertirles en 'personas' como él tantas veces repetía y hacerles amantes del deporte. Pese a ello puede presumir de haber convertido en subcampeonas del mundo de cross escolar a un puñado de jovencitas de Jesuitas, o de haber llevado a que el nombre del colegio Sagrado Corazón de Logroño siempre figurara entre los favoritos al título nacional de atletismo escolar.

Durante años 'rivalizó' en Jesuitas con el Hermano Benito por llevarse a los escolares a su terreno. Ilu quería atletas, el 'Padre' Benito quería hacer futbolistas a todo. Esa rivalidad pasó luego a enconadas y deportivas discusiones futbolísticas. El cántabro era racinguista de cuna y madridista vocacional mientras que Corcuera no podía ocultar que en sus venas corría sangre blaugrana. Aunque Corcuera era un 'enfermo' del deporte en general. Hasta que un coche acabó con su movilidad era habitual verle en los partidos del Varea, de la UD Logroñés o antes del Logroñés, pero también en cualquier otro espectáculo deportivo y por supuesto, en el Adarraga. Incluso unos meses antes del accidente, había llegado a correr la San Silvestre con su nieta.

El Ayuntamiento de Logroño le entregó en 2007 la insignia de San Bernabé en reconocimiento a toda su vida, igual que años antes había hecho la Asociación de la Prensa Deportiva, con un hombre que desde estas mismas páginas y bajo el seudónimo de 'maratón' ofreció la información atlética de la región.

Descanse en paz.

César Álvarez